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1arte.com - FERNANDO DE LA ROSA | EMILIO PASCUAL



FERNANDO DE LA ROSA


Fernando de la Rosa reúne en esta exposición parte de dos corrientes de su obra más reciente que discurren por un cauce común:

Una, la de los "pictopos "o "hábitats", arranca en el año 99, con el uso de materiales hasta entonces ausentes en su pintura, como la arcilla, el alquitrán o la encáustica y soportes como la madera o el cartón, que en muchos casos provienen de material de desecho recuperado. Suele entonces agrupar varias pinturas en series y polípticos, con un carácter bastante experimental, emulando espacios naturales o jardines donde conviven las técnicas e intenciones más variadas. Sin embargo, el proceso de incorporación de materia va ligado siempre al uso de elementos gráficos y lineales que surgen del paisaje a partir de palabras o textos tachados.

Otra, la de los "calimorfos" que nace casi simultáneamente, con una serie de grabados al aguafuerte y múltiples dibujos con técnicas mixtas. Más depurado, aunque sin abandonar el carácter ensayista, vuelve al temple y el áleo, que él mismo elabora en el taller, para recrear en grandes formatos espacios interiores más claros y coloristas, en los que se yerguen extrañas formas constructivas. Las masas de color respiran entre los espacios creados por ciertas líneas de sustentación, líneas que conforman una suerte de armazón, un andamiaje forjado a base de textos borrados; un juego caligráfico, un poemario oculto tras una maraña de líneas que crece y persiste, adoptando formas escultóricas fantásticas.

Tras una fructífera estancia en Francia, durante una residencia de creación artística en la celebrada Villa Noailles, estas transformaciones caligráficas adoptarán el nombre de Calimorfosis. Durante los dos últimos años, estas creaciones han ido complementándose con nuevas pinturas al óleo, sobre lienzos de menor formato, obra gráfica y dibujos, en los que se incorporan de nuevo tintas y collages, y en los que no se pierde una imagen característica, construida a partir de contundentes líneas y un vigoroso cromatismo.


Margarita Albarrán.
Galerista. Sevilla


(...) Memoria hecha luz y libertad, articula el cosmos creativo que da lugar a cada uno de los atributos de Fernando de la Rosa; cada obra es un paso adelante, cada una es la afirmación de vocación pictórica y artística sólida y esclarecida, que hace que la trayectoria de su obra en conjunto dé pocos bandazos y sea como un rayo de luz que conoce bien su destino y sus amores.


Jorge Arévalo
Escultor.
Sevilla



Si como decía Bacon, en 1952, "el arte es un método para liberar zonas de sentimiento y no simplemente la ilustración de un objeto", Fernando de la Rosa da rienda suelta a sus sentimientos en cada una de sus obras, pero también algo más. Fernando de la Rosa es esencialmente pintor, un pintor que delimita espacios y los completa con matéricos campos cromáticos. No en vano él mismo confiesa su acercamiento a la pintura como "alma aneja ( a la línea ) en expansión continua, como arma de conocimiento y contemplación... Esa es la arquitectura en mi obra". Es decir, sentimientos, conocimiento, sensaciones, observación contemplativa, dominio del lenguaje metapictórico se maridan para sostener el arquitrabe estructural que subyace en sus pinturas.

Líneas, trazos, intensos negros que delimitan campos de color, cielos, casi cielos, mares, casi mares, jardines, casi jardines, almas, casi almas, horizontes, lontananzas; paisaje como estado del alma, paisaje como acercamiento interior y alejamiento exterior. Estructuras de vigorosos trazos negros delinean las pinturas de Fernando. Línea y color, color y línea definen algunas de las obras de Fernando de la Rosa, en especial las realizadas en Francia en el año 2000, entre las que sobresale particularmente el díptico "Mer déco", de unos intensos rojos, salpicados de unos contrapuntos azules que confieren un particular lirismo, paradójicamente sereno en un lienzo de apariencia más expresiva.

Es en esta misma estadía cuando de la Rosa introduce en sus obras el uso del alquitrán, cuya consistencia genera una mayor rotundidad y contundencia a sus negros, acentuando aún más si cabe el contraste con los azules o los sienas de series como "Liée au lieu". Esta presencia, insistentemente táctil, del alquitrán se prolonga en series como "Fe de erratas", "Cielo abierto" u obras como "Nueva Lontananza".

Precisamente "Nueva Lontananza" (2002) marca un punto de inflexión, que se venía prefigurando en las series citadas anteriormente. Los campos cromáticos se baten en dura pugna con las masas y líneas alquitranadas. Lucha que es finalmente ganada por el color en la serie "Paso del Arroyo". El agua fluye intermitente por un cauce tan sólo delimitado por los pigmentos. Las líneas se sienten, están pero no se ven, ahora es el color el que prevalece en el lienzo.


José María Luna Aguilar.
Director de la Fundación Rodríguez Acosta. Granada